Oculto detrás de frases bonitas que apelan a la aventura, la solidaridad y hasta la ética, se multiplica el bombardeo de mensajes que invitan a la población a gastar su platica en los juegos de azar.
El Estado, que es o debe ser el concesionario de las licencias de loterías, Bingo, maquinitas y casinos e hipódromos y otros tipos de actividades semejantes, ha puesto escaso empeño en advertir sobre las nefastas consecuencias individuales y colectivas, de la adicción que produce el juego.
